Concursos pospuestos

Nos gustaría pedir disculpas por el tiempo de espera y ofreceros la explicación. Este blog ha cambiado de manos y ahora los nuevos administradores nos vemos en la tarea de echarlo a andar, lo cual supone bastante trabajo.
Deseamos continuar adelante los dos concursos de escritos convocados antes de que nos hiciéramos cargo del blog. Nos ha sorprendido mucho el entusiasmo que ha suscitado la iniciativa del anterior administrador y el gran número de escritos de excelente calidad que hasta ahora se han recibido. Sin embargo, debemos posponerlos y ampliar los plazos para poder darles la atención que se merecen. Os agradecemos de antemano la paciencia y aún más vuestros textos.
Próximamente nos pondremos en contacto con vosotros y os indicaremos las fechas de cierre y de entrega de premios. Intentaremos que sean lo antes posible.
“Concurso de Poemas” pospuesto hasta nuevo aviso.
“Concurso de Relatos” pospuesto hasta nuevo aviso.
Gracias una vez más por vuestro interés,
el equipo de Publica tus Escritos.
De nuevo, seguimos adelante

Hola a tod@s de nuevo. En un principio pensamos en formar parte de un gran blog pero ante los correos enviados, hemos decidido seguir adelante con este blog para todos aquellos que deseen ver publicados sus escritos. Por tanto, confiamos en vosotros para que crezca este blog con vuestro talento, que premiamos organizando diversos concursos periódicamente.
Hay dos noticias importantes: La primera es que hemos decidido ampliar el plazo del concurso de relatos hasta el 31 de marzo del 2010, debido a la “mudanza” que hemos tenido y para que así podais enviarnos más textos y seguir votando. Podeis ver las bases aquí.
La segunda noticia es que hemos organizado también un concurso de poemas que finalizará el 30 de abril del 2010. Estas son las bases:
Pueden enviarnos sus poemas escritores de cualquier nacionalidad, incluso pueden enviarnos más de un poema. Estas son las bases:
- La extensión máxima será de 20 versos.
- Deben incluir en el mail enviado a administrator@publicatusescritos.eu el nombre completo e indicarnos un alias si no quieren que su nombre completo se publique.
- En el asunto del mail, debe figurar “Concurso Poemas”
- Deben incluir el título del poema, lógicamente.
- Pueden enviar todos los poemas que deseen.
- El sistema de votos, dependerá en un 50 % de la valoración de los lectores y en otro 50% de la valoración de un jurado independiente.
- No permitiremos poemas plagiados. En el caso de recibirlos y de ser informados del plagio, los borraremos de inmediato y proporcionaremos el nombre de quien nos lo ha enviado al autor que reclame sus derechos.
Por otra parte, pueden leer nuestras condiciones de uso, ya que respetamos al máximo su privacidad y sólo proporcionamos datos en el caso mencionado de plagio, no haciendo uso de sus datos para fines comerciales.
En ambos casos, el premio es de 150 euros al ganador/ganadora y el correo (nuevo correo, porque por la mudanza arriba mencionada hemos cambiado) es publicatusescritos@gmail.com
Concurso Relatos: Plazo 31 marzo 2010.
Concurso Poemas: Plazo, 31 marzo 2010.
Esperamos recibir vuestros escritos, tanto para los concursos como para las diferentes categorías. Disfrutamos enormemente con vuestro talento y os recordamos las categorías:
Cartas, Cuentos, Ensayos, Microrelatos, Poesia, Reflexiones, Relatos Cortos.
Os pedimos también disculpas por los correos que no habeis podido enviar. Estamos de nuevo aquí y también contamos con un perfil en Facebook para conoceros o bien, si lo preferís, una página de fans donde se publicarán automáticamente los títulos de los textos que vamos recibiendo… ¿Crecemos?
Otro viejo y otro mar

“La mar, la mujer de quien he estado enamorado. Y ahora que ya soy viejo… Ella me sigue llamando y ya no tengo fuerzas para adentrarme en sus aguas. Ni mi barca aguantaría las caricias de sus olas…”
Y a pesar de todo, los deseos de vivir nuevas aventuras no me faltan, porque las ganas habitan en el espíritu. Pero la edad no perdona, me traba, me impide.
Recuerdo las odiseas vividas con otros marineros en tiempos pasados. Nada importaba, sólo estar con ella. Los días eran permanentes ensoñaciones, llenos de viajes sin fronteras. No hay cosa que más añore.
Aunque la mar sea amiga de la tristeza, nunca habrá cosa más bella que sus atardeceres. Casi inconscientemente, todos los días me acerco al puerto a la misma hora. Para mí es el mejor remedio contra el implacable paso del tiempo. Miro al horizonte, donde la luz anaranjada del sol proyecta su vivo color sobre las aguas, haciéndolas cobrar vida.
¡Quién pudiera devolverme mi juventud! Nadie es la desgraciada respuesta. Quizás no supe aprovechar del todo mis jóvenes años de vida, o acaso el tiempo pasa demasiado deprisa. Al ver ese azul tan intenso, tengo deseos de coger mi barca e ir en busca de recuerdos. Es tal mi nostalgia que podría quedarme así mirando los años que me restan de vida.
Yo, que tanto la amo, también sé que en ocasiones se enfada. A veces engulle a pescadores que osan hurgar en sus entrañas. Y es que la mar es cruel, al igual que bonita. Te invita a besarla, pero es traicionera. La fuerza que usa para atraerte, es capaz de arrastrarte con violencia hasta la muerte.
Así es la mar. Un recuerdo que avivo con cada visita, para que no se me resbale de la memoria. Pero los años pesan y las piernas me flojean. Quizás mañana ya no pueda acercarme a visitarla. Por eso hoy la miro como hipnotizado, deseoso de grabar todas sus formas y colores, de poder oír sus susurros siempre que quiera, de olerla con solo pensarlo, de verla con solo sentirlo…
Almudenix
Tres nombres, dos amores… y un final elegido por mí
Deseo liberarme de mis cadenas, romper las cuerdas cuyos nudos he atado yo misma con fuerza. Y, por mucho que piense en el daño que causé a quien me quiso, no me siento culpable. ¿Acaso estoy loca? No. Lo que hice en su momento lo hice porque lo sentí, entregué todo lo que pude entregar, pero ellos querían más…
Podría decir que el desencadenante fue la muerte repentina de mi primer amor, Daniel. Mi primer amor, mi primer deseo, una historia de adolescentes, de ternura e ilusiones. Cuando murió en un accidente de coche, me quedé desolada y sentí que me habían robado el alma. Creí que nunca sería capaz de amar de nuevo. Pero sí que lo hice y con más fuerza aún, aunque pagara ese amor con traición.
Pero antes de Paul, fueron tres los hombres a los que destrocé la vida sin querer, aunque en aquellos momentos, el delirio del deseo me cegara hasta tal punto que fuera incapaz de asumir las consecuencias de mis actos. Sí. Antes de volver a amar, deseé y mi deseo se confundió con amor… y en cierta manera quise. Pero no me siento culpable porque en todo momento entregué más de lo que creía dar y sé que ellos jamás me odiarán… porque sabían desde un principio que yo era inalcanzable.
Marzo de 2004
Tras la muerte de Daniel, cuando yo aún estudiaba en la universidad, pasé meses intentando descifrar la traición del destino. Yo lo había tenido todo. Unos padres locamente enamorados con una mentalidad moderna, cinco hermanos a los que estaba muy unida, primos que eran casi hermanos, tíos, que me adoraban, abuelos que me mimaban, amigas fieles. Nací con suerte y la suerte me abandonó de repente. Era bella, cautivadora e inocente, aunque con una destreza inusual para conquistar a quien tuviese delante, aunque ese no fuese mi propósito. Los chicos me deseaban o soñaban conmigo, las chicas eran incapaces de odiarme porque creía tanto en mí y en los demás, que les era imposible traicionarme. Creo que si alguien quisiese diseñar la vida perfecta, esa hubiera sido la mía… pero tenía fecha de caducidad y el accidente de Daniel quizá era el pago por tanta felicidad. Me enfadé con Dios, conmigo misma, con el mundo… Y tras terminar mi carrera de Empresariales me trasladé a estudiar un master en finanzas a Estados Unidos, alojándome los primeros meses en casa de un matrimonio amigo de mis padres. Me acogieron como a una hija, pues me conocían desde que era pequeña, aunque hacía años que no me veían.
Un mundo nuevo se abrió ante mí. Y quizá, por estar lejos de mi hogar, por alejarme de aquellos lugares en los que amé y sufrí, me planteé comenzar de nuevo, mirando la vida con otros ojos… y recuperando sin quererla ni desearla esa aura de perfección que el destino había roto en mil pedazos.
Tres semanas después de mi llegada conocí a Paul, hermano de Annie, mi “madre” americana. Era diez años menor que ella y era padre soltero. Tuvo una relación con una compañera de trabajo que murió al poco tiempo de dar a luz a su hijo y que nunca llegó a querer a Paul, al igual que Paul nunca llegó a quererla a ella. Pero de su unión nació Sam y en el 2004, el niño contaba ocho años. Paul acababa de cumplir treintaycinco y yo tenía veinticuatro.
Hoy sé que me enamoré de Paul nada más verle. Sus ojos, azules y casi transparentes, mostraban un alma especial, una inteligencia y un ingenio admirables y una bondad que derretía todos mis miedos.
Un año y medio después de conocernos, Paul y yo iniciamos una relación que derivó en un matrimonio de ensueño. Si hay un hombre perfecto, ese es él. Tierno, cariñoso, protector, fiel amigo, amante, emotivo, dulce, dedicado… Pero a mí no me bastaba con eso. Y tanto antes como después de casarme con él, hubo tres hombres. Los dos primeros sirvieron para engañarme a mí misma y no aceptar que amaba a Paul. El tercero, fue el medio para alcanzar los límites del deseo y para… sí, para vengarme del hombre de mi vida, al que jamás pensé que encontraría. Por supuesto, Paul terminó enterándose de mi aventura con Aidan y, aunque estaba dispuesto a perdonarme por no perderme, yo no pude volver a mirarle a esos ojos tan limpios. Por eso me fui, dejé a mi hijo adoptivo y a la hija que tuvimos en común y regresé a España, donde morí. Cerca de los míos, pues nunca he estado sola. Morí y estas son mis palabras, escritas antes de marcharme de este mundo para reunirme con mi primer amor y esperar al último.
Ahora mi historia servirá para, quizá, que algunos me condenen o que otros me comprendan. Para que algunos me odien y otros me admiren o, quién sabe… tal vez sirva para que alguien aprenda que la venganza, el rencor y la traición no sirven para hacer sufrir a los demás, sino para matarte a ti misma.
Los tres hombres a los que destrocé la vida no me odiarán porque en sus vidas dejé una parte de mí. Desearía que me olvidarán y probablemente no lo hagan. Pero he querido pedirles perdón de la única manera que sé: Enviándoles por escrito todos mis pensamientos, sentimientos, deseos, miedos, culpas, anhelos… Jack, Dean y Aidan serán felices sin mí, más de lo que lo fueron conmigo. Y sólo deseo que amen a alguien más de lo que me amaron a mí.
Ahora también comparto mi historia con vosotros. Os contaré cómo amé a Paul, cómo deseé a Jack, cómo Dean se transformó en presa cuando era cazador y cómo Aidan abandonó todo por mí. Os contaré todo.
Continuará…
MRV

Una ardilla me enseñó a vivir

Otra tarde igual. Miré con desgana hacia mi muñeca: las cuatro y media de la tarde, como me temía. Suspiré con fastidio por la precipitación de las agujas del reloj. Cinco minutos más… otro suspiro, ahora de resignación. Hora de empezar a aprovechar la tarde, de trasladar mi cuerpo desde el cómodo sofá del comedor hasta la rígida silla del dormitorio. El mismo ritual de siempre, a la misma hora, con los mismos movimientos inconscientes. Martes, jueves, qué más daba, sólo cambiaba el nombre del día. Al fin y al cabo haría las mismas cosas que había hecho ayer, anteayer, hacía una semana. Ya estaba en el cuarto, seguramente habría empleado el mismo número de pasos que siempre. Allí me esperaba la misma mesa, la misma silla, el mismo programa de ordenador, la misma pila de libros; en definitiva, las mismas cosas dispuestas de la misma manera y en los mismos ángulos. Todo tenía la forma de siempre y los colores de siempre.
La luz de la habitación fue menguando gradualmente a la vez que unas nubes negruzcas caían pesadamente sobre la ciudad. Esto llamó mi atención y decidí romper el protocolo para acercarme a la ventana. Bonita escena, había comenzado una tormenta de aire y los árboles se balanceaban con desesperación de un lado a otro, maltratados por las corrientes. Me estremecí cuando los aullidos del viento se colaron por el resquicio de una ventana mal cerrada.
Iba a regresar a mi monotonía cuando observé algo fuera de lo normal. Allí arriba, en aquel árbol que me miraba todas las tardes se estaba moviendo algo… ahora había cesado… no, otra sacudida… ahora lo veo, un bulto marrón agitándose sobre una rama. ¿Aquello era una ardilla? Nunca había visto una al natural, pero supuse que sí, que aquello era una ardilla. Se movió de nuevo, y esta vez, como queriendo confirmar su identidad, me dejó ver su graciosa cabeza y su arqueada cola. Me cayó simpática, subiendo y bajando con agilidad y rapidez por las ramas. Costaba seguirla con la mirada.
Mientras la observaba corretear de un lado a otro me pregunté cómo es que aquella ardilla había ido a parar allí, a aquel árbol de barrio, tan lejos de donde debería estar.
Corrí a por unos prismáticos para verla mejor, pero cuando regresé ya no estaba. Bueno, al menos ya tendría algo distinto que hacer cada día. La buscaría con la mirada hasta que se dejase ver otra vez. Aunque quizás con el tiempo eso entraría a formar parte también de mi rutina. Otra acción mecánica, como todas las demás.
Pero no, me negué a que así fuera. No iba a permitir convertirme en otro robot programado, no señor. Cada día me fijaría en algo nuevo, cada día haría las cosas a distintas horas, en distinto orden, de distinta manera, despistaría a mi mente cuadriculada, regatearía el sentimiento de hastío que a veces me acosaba, pondría un poco de anarquía en mi vida, afrontaría cada día de manera renovada, tintaría mis acciones de un color alegre de futuro, lucharía por hacer realidad mis sueños. Al fin y al cabo, todo era cuestión de actitud.
Una mañana caminando por la calle volví a ver a aquel curioso animal. Me adelantó como un rayo en dirección a su árbol. De cerca era todavía más bonita, con aquellos tonos pardos caoba de su pelaje. Me impresionó su atrevida incursión entre la gente, quizás en busca de comida o quizás como parte de su decisión de vivir de forma diferente a sus congéneres.
Entré en casa, sonriendo por aquel fugaz encuentro.
Una tarde nueva. Las cinco y diez. Buena hora para ir a la habitación. Esta vez me levanto de un salto, camino con pasos alegres y motivados… no, antes entraré en la cocina a por un refresco. Ya estoy en el cuarto. Miro la mesa, sonrío, la giro noventa grados. Aquel árbol y su inquilina me verían de frente aquella tarde. Qué curioso, desde mi nueva perspectiva todo parece haber cambiado de sitio. Enciendo el ordenador… pero no, antes leeré un poco. Me meto por unos momentos en la piel de un diamantista aventurero en apuros. Le dejo en un avión, camino de Londres.
Busco mis libros… ¿dónde están? Ah, olvidé que ahora están en el segundo estante.
Las ocho y media. Cómo me ha cundido hoy. Pero estoy cansada. ¿Dónde está mi póster? Un tic me hizo mirar de frente, pero no, ahora estaba a mi izquierda. Giro la silla, lo miro, sonrío, cierro los ojos y sueño un ratito. ¿De dónde sería aquella playa? No importa, cuando lo averiguara viajaría hasta allí. Ya me sentía mejor, decidí que era momento de despertar. Lo hice con mis ojos posados sobre el cubilete de bolis. ¿Qué hacía siempre en el rincón de la izquierda? Saqué un bolígrafo azul, otro negro y el portaminas y guardé el cubilete en el armario. Ahora me hacía daño a la vista un montón perfectamente ordenado de hojas de papel. Lo desordené un poco por las esquinas. Sí, ahora estaba mejor.
Tuve la sensación de estar siendo observada. Algo me hizo mirar hacia la ventana. Casi podía ver a la ardilla sonriéndome en tono de complicidad y aprobación. Ella había decidido cambiar el monte por aquel árbol y yo estaba empezando a conseguir que las tardes parecieran nuevas y distintas. Sí, todo era cuestión de proponérselo. Aquella criatura me había enseñado muchas cosas.
De repente me acordé del diamantista en apuros. ¿Habría llegado ya a Londres? No era hora de apagar el ordenador, pero me apeteció retomar aquella historia intrigante. Lo haría en la otra habitación, nunca había probado a leer en aquella butaca…
Almudenix
Primer concurso de poemas “Publica Tus Escritos”

Pueden enviarnos sus poemas escritores de cualquier nacionalidad, incluso pueden enviarnos más de un poema. Estas son las bases:
* La extensión máxima será de 20 versos.
* Deben incluir en el mail enviado a escritores@somosnosotras.com el nombre completo e indicarnos un alias si no quieren que su nombre completo se publique.
* En el asunto del mail, debe figurar “Concurso poemas”
* Deben incluir el título del poema, lógicamente.
* Pueden enviar todos los poemas que deseen.
* El sistema de votos, dependerá en un 50 % de la valoración de los lectores y en otro 50% de la valoración de un jurado independiente, pudiendo votar en la opción “Valoración de los lectores” en el cuadro “Información del artículo”, en la parte superior de la columna derecha del sitio web, que aparece en la página individual de cada post, artículo o escrito de esta web.
* No permitiremos poemas plagiados. En el caso de recibirlos y de ser informados del plagio, los borraremos de inmediato y proporcionaremos el nombre de quien nos lo ha enviado al autor que reclame sus derechos.
Por otra parte, pueden leer nuestras condiciones de uso, ya que respetamos al máximo su privacidad y sólo proporcionamos datos en el caso mencionado de plagio, no haciendo uso de sus datos para fines comerciales.
Gracias a todos
El árbol de la esperanza

La capa blanca lo envuelve todo,
El arbolito, pequeño, discreto, con sus luces de Navidad, muy tenues,
Aguanta los copos de nieve, igual que los hombres de ojos de hielo,
De escarcha en la boca, aguantamos la dureza de la vida;
Mientras que ese pequeño arbol , con su luz mortecina,
Con la crisis, con esta crisis, no podía ser de otra manera,
Cuando lo miramos, nos parece que está lleno de hilos de
Plata, de guirnaldas de Luz, de bolas de Oro,
Y de brotes, muchos brotes de Esperanza mucha Esperanza,
Y el hielo de los ojos, se convierte en Lagrimas , de pensar
Que algo bueno está por llegar, esta Navidad.
Carmen Valcarcel Rubio
Requiem de Mozart (2756-2791)

Limpiando la lápida de mi abuela, me fijé en una fosa cercana a la suya, cuya inscripción me resultó tan sorprendente que tuve que parpadear varias veces para asegurarme de estar leyendo correctamente lo que aquellas letras me decían: ” Wolfgang Amadeus Mozart ” 2756-2791. No podía creer lo que estaba leyendo, lo repetí en voz alta una y otra vez con el fín de llamar la atención de alguna persona que, con seguridad, pensase enseguida que yo estaba loca, pero al margen de lo que pensasen o no pensasen los demás, yo necesitaba compartir de inmediato el descoloque mental que aquella tumba me estaba produciendo.
El desconcierto que me invadía en aquel momento era tan grande, que no me percaté de la fotografía que ilustraba el nombre del difunto. Era un muchacho increíblemente atractivo, muy joven, no parecía superar los 25 años, con el cabello largo del mismo color de los frutos secos, que le caía en cascada de manera natural sobre unos rasgos angulosos perfectamente dibujados. Estaba en posesión de una mirada muy profunda, de esas que no permiten llegar al fondo y parecen analizarte mientras te desnudan. Sentí un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo cuando me encontré con aquellos ojos hipnóticos que parecían querer hablarme desde la tumba y, con aquella media sonrisa socarrona, que aseveraba la primera impresión que tuve de su mirada. A partir de aquella tarde soleada de otoño, mi vida cambiaría para siempre.
2756-2791. Wolfgang Amadeus Mozart..No podía ser cierto, tenía que ser el producto de una gravísima errata en la grabación sobre aquel mármol veteadamente frío. Un montón de preguntas sin respuesta se agolparon desordenadamente en mi cabeza ¿Estaba soñando ? ¿Acababa de volverme loca? ¿ Nadie en el mundo, excepto yo, habría reparado en aquella enigmática tumba?.
Busqué desesperadamente por el cementerio alguna persona que pudiese compartir aquel hallazgo conmigo, pero la poca gente que allí había, no creía ni una palabra de lo que una jovencita pudiera decirles.- ¡ Anda niña, que tengo mucho que hacer !- Era la respuesta común de las personas a las que yo eufóricamente les solicitaba ayuda.
No tenía más intención que llegar a casa corriendo y ponerme a empaparme en internet de todo lo relacionado con Mozart. Cuál fué mi sorpresa, al leer las sucesivas fechas del nacimiento y muerte del genial compositor: 1756- 1791. Coincidian en todas sus cifras con las de la lápida del cementerio, bueno, en todas menos en la de la unidad de millar, que lograba distanciarse en el tiempo nada más y nada menos que un milenio entero.
A la mañana siguiente me presenté rauda y veloz en el registro civil, iba preparada para escuchar las risotadas de los funcionarios de ventanillla cuando se enterasen de lo que yo les iba a pedir, toda la documentación que tuviesen sobre un joven , supuestamente del pueblo, ya fallecido, llamado Wolfgang Amadeus Mozart y al que le restaban 748 añitos aún para nacer. Casi nada. Como era evidente, solo conseguí sentirme ridícula y ruborizada. Nadie en el mundo creía lo que yo había visto con mis propios ojos. Y era lógico, tampoco yo creería en algo tan absurdo, aunque me lo hubiesen jurado y perjurado una y mil veces.
Al salir del registro civil, en donde pasé la mayor vergúenza de mi vida. Una mano muy cálida y temblorosa me agarró con fuerza del hombro. Al girarme, ví a un hombre de aspecto afable, muy mayor, no sabría calcular su edad, porque pareciera tener más de 100 años, que me preguntó con tono suave e inflexible :
-¿Has contado alguna vez las olas del mar y las olas futuras de todos los Océanos de este planeta?-
Mi cara se estiró tanto con la sorpresa de aquella pregunta, que parecía me la hubiesen pegado desde la nuca con loctite. Tartamudeando le contesté:
- Cla-claro que no -
-Muchacha, entonces cómo podrás contar todas las capas de las diferentes dimensiones de todos los Universos? Cuando halles la respuesta en el interior de tu Cosmos Universal, tendrás todas tus preguntas resueltas -.
Un pasaje del Requiem en Re Menor de Mozart, empezó a sonar en mi cabeza. Amadeus acababa de conquistarme. Y regalarme a su vez, el desencriptado de muchas de mis torpes preguntas…
Beatriz
La vida

La vida es corta, si.. Pero estando junto a esa persona es eterno un minuto… Es lejos una hora… Es nulo el ambiente… Todo es perfecto… Y hasta estar mirándola lo hace suficiente… Para descubrir que en sus ojos puedo observar un mundo distinto donde me encuentro…
En ese momento la vida se hace larga y divertida… No es dependencia…
Menos costumbre… Es una sensación de máxima alegría… Es olvidarlo todo… Con el simple hecho de que ya nada es realmente importante… Mi prioridad es ella… Mi razón es ella… Mi sentido es ella…
Pero hay un instante donde piensas que la vida es corta… La vida con ella es mortal… Y no hay tiempo, si… No hay momento, si… Pero es poca vida para demostrarle lo grande que es para mi… Quizás eso lo hace una vida corta.
Katty Vanessa Barazarte Daminato

